sábado, 20 de enero de 2018

Por la tierra



Gabriel -Saracho- Carbajales, Montevideo, 20 de enero de 2018.-


Sin ánimos de catequizar, pero con los pies y el alma en la tierra, NUESTRA TIERRA...

Posiblemente hoy es mayoría la gente que no puede ni imaginarse la fuerte incidencia subjetiva que tuvo en el movimiento popular uruguayo, en el correr de los ´60, la situación de los cañeros de Bella Unión sindicalizados en la ya histórica UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas), fundada hace casi 60 años.

“PELUDOS ATREVIDOS!!! YO LES VOY A DAR SOCIALISMO DE LA TIERRA!!!”

Aquella inesperada y sostenida movilización cañera denunciando condiciones laborales casi que feudales y la demanda de medidas que frenaran el mal trato como si el "peludo" fuese un animal de carga, despertaron una enorme simpatía en el pueblo trabajador y contribuyeron a aumentar un ya gran espíritu de lucha entre el asalariado urbano organizado y el estudiantado más joven y pobre, que abrazaron la causa de los cañeros como propia (aunque no precisamente entre el grueso de los dirigentes sindicales y partidarios de aquellos tiempos, sino sobre todo entre buena parte de las bases trabajadoras más sensibles al problema).
Las marchas cañeras movieron el piso de una oligarquía proimperialista “pancha”, impune y ya súper enriquecida desde tiempos remotos, alarmada no tanto por las elementales reivindicaciones puntuales de los “peludos”, sino principalmente por las connotaciones ideológicas de su consigna central: “Tierra pa´l que la trabaja / Por la tierra y con Sendic” (éste, importante colaborador en la organización de UTAA, ya entonces declarado “delincuente”, y requerido).
A los “gauchos” de riñón cubierto y cintos con tachas de plata, sin 4 x 4 pero nadando hacía rato en la opulencia más vergonzosa, les quitaba sí el sueño la mera idea de que hubiese explotados semi analfabetos y en harapos proponiendo formas de vida socializantes que significaran prescindir del capital y del capitalista (y los oligarcas saben muy bien que la tierra, en sus manos, es eso: capital, herramienta física de la opresión brutal de la explotación convertida en ganancia inescrupulosa en perjuicio de la inmensa mayoría de la sociedad).

VEINTE AÑOS DESPUÉS DEL APAGÓN FASCISTA, BOÑATOS QUE QUEMAN

La década cañera, que así puede llamársele a ese tenso y fecundo período de nuestra historia, sucumbió como sucumbiò todo el movimiento popular: el golpe fascista propiciado y planificado por esa preocupada oligarquía “criolla”, barrió a mansalva con todo tipo de organización popular, torturando y encarcelando a miles y miles de luchadores sociales, incluidos unos cuantos “peludos”, la mayoría de los cuales recién pudo reintegrarse a su medio natural una docena de años después, reencontrándose con su querida UTAA todavía pujante y solidaria, aunque, lógicamente, sin el empuje dinamizador de otros tiempos.
Veinte años más debieron pasar hasta que se volviera a hablar de la situación de los “peludos”, que, básicamente, seguía siendo la misma que la de los `60 al menos desde el punto de vista económico, de la precariedad laboral y de un sustento zafral que dependía del corte y la quema de caña para beneficio de los grandes propietarios de la tierra comprometidos en el “agronegocio”  y otros curros del “neoliberalismo”.
El 15 de enero del 2016, otra vez en Bella Unión, unas cuarenta familias cañeras ocuparon un predio de Colonización (Colonia España) que no era utilizado como correspondía según la función social de las tierras estatales administradas y suministradas por el INC, demandando que el predio les fuera asignado a ellas no solamente para la explotación de la caña, sino también para vivir y para producir otros alimentos complementarios. La acción directa reivindicativa había sido concretada no solamente por “peludos” asalariados afiliados a UTAA, sino también por familias no asalariadas asentadas en pequeños predios, endeudadas y sin perspectivas de sobrevivencia elementalmente decorosa.

Aquel inicio de año que volvía a llamarnos la atención no solamente respecto a la situación de los cañeros del norte, sino también de una gran multitud de asalariados rurales de todo el país y de pequeños productores familiares, era también el segundo año del gobierno “progresista” a nivel nacional, y, por supuesto, enseguida pudimos escuchar la pregunta de “¿por qué recién ahora y no con los gobiernos blanquicolorados?” que se hacían unos cuantos de los que habían sido especialmente en los ´60 fervientes defensores de la causa cañera y la consigna “Tierra pa´l que la trabaja”.
Mujica, con sus salidas dicharacheras y desafiantes, fue entonces el principal cuestionador de la ocupación, y solamente reculó algo, públicamente, luego de quedar pegado con la afirmación de que los “peludos” no podrían cosechar siquiera unos boñatos en el predio tomado... Pocas horas después, los “peludos” difundían una serie de fotos de magníficos boñatos norteños plantados por ellos en Colonia España.
Pero, mientras mediáticamente el gobierno golpeaba nada sutilmente buscando adeptos entre los más humildes para estigmatizar a las “locas” familias ocupantes, los “cuadros progresistas” planificaban la salida “histórica” a la situación, con plena conciencia de que si se lograba romper el bloque unido de los demandantes, de nuevo el tema de la tenencia latifundista de la tierra, pasaría a muy segundo plano.

UNA SALIDA TRIUNFANTE, PERO ENSEGUIDA LOS PORFIADOS HECHOS

¿La salida cuál fue?... Parcelas selectivamente asignadas, arriendos y subarriendos, con el gancho de que lo producido sería adquirido por ALUR y que esta empresa adelantaría algunos dineros a cuenta de la futura producción.
El sencillo invento rompió el bloque de los ocupantes, descomprimió la olla de presión, pero no pasó mucho tiempo para que empezáramos a enterarnos de las quejas de los “favorecidos”, endeudados en cifras impagables, tan pobres y tan acuciados económicamente como antes, pero ya desmoralizados como para reencauzar la pelea colectiva por la senda histórica y clasista sintetizada en la consigna que seguirá quitándole el sueño a la burguesía chupasangre del campo y la ciudad y a los “operadores políticos” que reaccionan “propositivamente” cuando los burgueses ponen a los peones-pilotos a exhibir el rutilante vuelo de sus 4 x 4 del aire empujadas por el viento  apocalíptico de la consigna “rentabilidad o muerte”, antítesis categórica y reaccionaria de la consigna obrera, revolucionaria y esperanzadora de “Tierra pa´l que la trabaja”.

LA CARNE DE CAÑON TIENE LAS MANOS LLAGADAS, SIEMPRE, CHÉ

La realidad es porfiada y por más claro que tengamos que la burguesía en sus diversas expresiones ha sido siempre muy hábil en materia del uso y abuso de los mismos oprimidos por ella misma para conquistar cada vez más poder y privilegios (desde la “revolución francesa” al menos), nada cambiará de fondo mientras no asumamos e integremos adecuadamente a nuestra lucha el tema de la tierra no como “cuestión de la gente de campo” o como asunto romántico-telúrico, sino como lo que es: el tema esencial, el que define el presente y el futuro, el punto número uno de la lucha de clases, sin la más mínima duda.
Encarado como relleno de plataformas y discursos, inserto como adorno “para quedar bien con los paisanos”; relegado a no se sabe muy bien qué segundos planos de “jerarquización estratégica”, discriminado como “hijo ajeno”, estamos fritos. Seguirán haciendo punta los burgueses y sus auxiliares “de izquierda y de derecha” para los que lo importante es la ganancia y la renta y más nada.

Porque la tierra no debe ser solamente para quienes hoy la trabajan, sino para todas y todos los trabajadores que pueden trabajarla colectiva, solidaria y sanamente respetando a la naturaleza, el medio ambiente, y, sobre todo, la condición humana, en cada rincón del país, incluidas las zonas semi-rurales que hoy también existen únicamente para la especulación y el despilfarro, hasta en Montevideo, debiendo pagarse, sin embargo, casi 200 pesos por un kilo de duraznos de baja calidad.

NO SERÁN LOS BURGUESES, NO SERÁ LA OLIGARQUÍA LATIFUNDISTA, POR CIERTO QUE NO

No serán los burgueses, ni del campo ni de la ciudad, los que colaborarán en la comprensión del rol estratégico de la tierra y del carácter antipueblo del latifundio. Tampoco lo hará la gritería de barras bravas fotografiando 4 x 4 y súper avionetas, fustigando a los pequeños y medianos productores “por dejarse usar” por los “gauchos” de cintura plateada, cuando en realidad lo que pasa es que estos sectores no han sido tenidos debidamente en cuenta por quienes declaran tener objetivos clasistas “muy claros” (no sólo entre dirigentes sindicales pro-oficialistas, sino también entre mucha gente no oficialista que se acuerda de los cañeros cuando acampan junto al palacio legislativo), pero no hacen nada o hacen muy poco por potenciar y robustecer el antilatifundismo y ayudar a entrelazar los vínculos naturales entre explotados y oprimidos de donde sea, presa fácil, así como estamos, de demagogos y oportunistas del pelo que sea, en campaña electoral y sin ella.
“(...) SI LOS COMPAÑEROS QUIEREN INDIVIDUALMENTE SALIR ADELANTE, ESTÁN FRITOS (...)”

Para finalizar y no cansar más, parece saludable recordar una apreciación de alguien que también tuvo mucho que ver con la fundación y la pelea de UTAA de ayer y de hoy. Decía en un reportaje hace nueve años Nicolás “Colacho” Estévez, refiriéndose a “la salida progresista” del 2006 y sus coletazos posteriores:
  
“(...) Es fundamental la cooperación; si los compañeros quieren individualmente salir adelante, están fritos. El modelo no está orientado a proteger la propiedad chica o mediana, está para lo grande. El agronegocio es una aplanadora, y el modelo económico que se aplica en el país no está en función de la pequeña ni de la mediana propiedad (...)”.

(Y también parece saludable no olvidar una anécdota ocurrida en la previa de una marcha contra Aratirí y los megaproyectos en Treinta y Tres, hace unos pocos años: llegaron dos ómnibus repletos de gente procedente de varios puntos del sur del país, al mediodía. Se les esperaba con un almuerzo en el predio de una comisión de fomento local... El asado con cuero era una auténtica tentación, pero el alma de los visitantes se vino al piso cuando vieron a decenas de peones al rojo vivo, asando y asándose en nombre de los patrones... ¿Quiénes comieron el asado?. Nunca lo supimos).

Cada cual hará lo que entienda debe hacer el 23 de enero en Durazno o donde sea; ni empieza ni se termina nada ese día, y hasta es probable que la jornada “de protesta” se convierta en el festejo del “afloje completo” del gobierno, un gobierno que, como todos los gobiernos, debe estar imaginándose qué representaría una movilización nacional y sostenida contra su política económica y contra la burguesía tramposa, pero surgida bien de abajo. De ese abajo que no grita “rentabilidad o muerte” y que un día gritará, en coro magistral,  sin transas y sin aspiraciones burguesas o pequeño burguesas: 

¡¡¡TIERRA PA´L QUE LA TRABAJA!!! ¡¡¡TIERRA PARA TODOS!!! ¡¡¡MUERTE AL LATIFUNDIO!!!.












Andres Figari Neves

RENTABILIDAD O MUERTE”, (el conflicto del “agro”, algunas consideraciones).

1) Eso que se ha dado a llamar “el campo” o “el agro” no es un todo homogéneo del punto de vista económico o social. El universo de los “productores rurales” abarca desde el propietario de 20.000 hectáreas que vive en la Capital, hasta el que se “conchaba pa hacerse de un peso”. Es un mundo que lo integra el que arrienda miles de hectáreas para sembrar soja, como el que arrienda 10 para cultivar zapallos, pasando por el que tiene 300 vacas en un tambo modelo de su propiedad, como al que ordeña 5 vacas abajo de un galpón de lata y vende leche en el pueblo o pastorea sus vaquitas al costado del camino. Las producciones son tan variadas como las tradicionales carne, lana, leche, arroz y cereales hasta las novedosas, eucaliptus, arándanos, olivos.

2) Pero más allá de todas esas diferencias y de tantas otras que se podrían citar, ese “mundo” tiene algo en común que lo constituye en distinto: existe fuera de la ciudad y muy especialmente de “la Capital”. Quien vive en ese mundo, se vive como diferente y casi simultáneamente en contradicción con los “maturrangos” de la ciudad. Esta situación genera una “subjetividad” común que no se debería desconocer a la hora de entender el comportamiento colectivo de esa parte de la población más allá de las diferencias objetivas que puedan existir entre las situaciones económico-sociales y/o los intereses económicos del grupo. Aunque el hombre de la ciudad no logre comprenderlo, suele haber una mayor afinidad-simpatía entre los que viven en ese mundo, que entre los de igual jerarquía social de medios diferentes.

3) Es bastante obvio que existe un abismo entre la rentabilidad de un Bordaberry cabañero y criador de hereford y la de un chacarero de Canelones o entre los sojeros del litoral con los mini tamberos y que por lo tanto no todas responden a las mismas causas y por ende no todos sus reclamos son igualmente justos o atendibles. Pero más allá de todas esas diferencias y de lo más o menos justas (o sensatas) que resulten sus reivindicaciones, se debería de interpretar este incipiente movimiento como una señal de alarma de algo que no funciona ya sea porque no se hizo bien, ya sea porque no ha sido bien recibido por parte de los supuestos beneficiarios.

4) El actual modelo productivo basado en la exportación de comodities cuyos precios dependen del mercado mundial y que suponen cuantiosas inversiones para obtener una rentabilidad que resulte satisfactoria, no solo no está al alcance de la inmensa mayoría de los productores rurales, sino que supone el sistemático desplazamiento por encarecimiento de costos de los de menores recursos. Uno de los mayores costos y de los que menos se habla es el precio de la tierra. Ya sea para comprarla ya sea para obtenerla en arrendamiento, el precio de la tierra presiona los costos al alza y expulsa al que “con lo suyo” no puede pagarla. La paradoja del éxito del agro negocio es ese: cuanto mejor funciona, más se encarece la tierra y consecuentemente, más difícil resulta mantenerse en carrera. Cada paso que se gana en productividad (en pos de una mayor ganancia), es un paso que se retrocede en la rentabilidad relativa, (inversión vs ganancia neta) lo que a su vez exige más inversión y así sucesivamente. Profundizar el modelo del “agro negocio” sin provocar las consecuencias que lo son propias, es tan inútil como imposible. Lo curioso es que los “productores” no suelen ver el costo de la tierra como un factor sobre el que se debería protestar a diferencia de lo que ocurre con las tarifas públicas o los impuestos. Ya sea porque la posee en propiedad, ya sea porque los arrendamientos son “cosa del mercado” y no hay nadie al que reclamar, se asume como natural y si los números no cierran. la culpa es del gobierno. Que todos exijan menos impuestos y ninguno “tierra para trabajar” es indicativo de la clase cuya visión orienta el conflicto.
a.f.n 19/01/18







viernes, 19 de enero de 2018

Todos los campos

Policía ante los cortes de ruta


Por Dr. William Yohai

¿Existe “EL CAMPO”?

No. Al menos no existe “un” campo.

Veamos: hay un campo de los peones de estancia, de los peludos cortadores de caña, de los peones de tambo.

Hay otro, que muchas veces se superpone con el anterior, de los pequeños productores hortícolas, ganaderos o tamberos.
Están los estancieros que producen en cientos o miles de hectáreas, pero también están los que arriendan sus campos y se limitan a cobrar la renta.

No faltan, por cierto, los consignatarios, corredores inmobiliarios y sus combinaciones con los últimos.
Están UPM, Montes del Plata, Syngenta, Monsanto, Cargill, las grandes empresas representantes de maquinaria agrícola.

¿Qué decir de los contratistas del arroz o, más en general, la agricultura?

Y están, para terminar esta breve enumeración, unas 5 mil familias de colonos asentadas en 600.000 hectáreas de tierra.
Todos ellos integran “EL CAMPO”.

¿Cuales son sus intereses comunes?

¿cual de alguna de las medidas propuestas por este movimiento que surge de repente y recorre el país beneficiaría a todos?

¿En que beneficiaría la rebaja del gasoil a los peones de estancia? ¿o a los contratistas? Al fin y al cabo estos trasladan el precio a sus contratantes.

¿De dónde saldría el dinero para financiar esta rebaja?

Alguno propuso reducir o eliminar los beneficios que el MIDES otorga a algunas decenas de miles de compatriotas.

¿A cuanto ascienden esos beneficios?

Para una familia con 4 o más hijos, que reúna las condiciones de ingresos misérrimos, carencias básicas en vivienda y demás condiciones de vida, el dispendio puede llegar a los 5.000 pesos mensuales. Son una minoría de los aproximadamente 60.000 beneficiarios del MIDES. La tarjeta social.

Todo un escándalo.

Se puede calcular que todo ese gasto, incluyendo los funcionarios, técnicos y demás empleados de la institución cuestan 100 millones de dólares.
Se ha estimado, por otro lado, que el “gasto tributario”, o sea, la plata que el estado deja de percibir por las exenciones fiscales al capital cuesta 2.500 millones de dólares al año.

Y buena parte de este gasto va “AL CAMPO”.

Muchas (o todas) esas novísimas plantas de silos que se ven al recorrer el país no han pagado un centésimo de impuestos.
Tampoco lo ha hecho alguna sonada venta de gran cadena de supermercados.

Campos eólicos de UTE

Ni que decir de los parques eólicos privados. Hemos calculado que UTE pierde (o sea, los privados ganan) 120 millones de dólares al año. Porque esos parques perfectamente los hubiera podido contratar UTE directamente.

Y así sigue….

UPM y Montes del Plata ganan no menos de 200 millones de dólares cada una, totalmente libres de impuestos. Sin contar la energía que UTE se ha comprometido a comprarles por 20 años. Ni el fuel oil que ANCAP les vende a un precio menor a su costo. Y que es mucho menor al que paga la industria nacional.
Ahora los proyectos constructivos de más de 15 millones de dólares estarán exentos de impuestos, Aunque se lleven a cabo en los lugares más costosos de la costa de Montevideo o Punta del Este.
¿Cuanto nos cuestan a los productores agropecuarios las comisiones de los intrermediarios?

¿Cuánto pagan los productores de renta al año?



Ahora por lo menos los rentistas pagan IRPF. Igual es demasiado poco.
Sí, es verdad, entre los censos de 2000 y 2011 12.000 productores desaparecieron. Vendieron su tierra (y devolvieron las que arrendaban) y se fueron a la ciudad. Unos cuantos de ellos son ahora suficientemente pobres para ser “beneficiarios” del MIDES.

Pero, ojo, alguien compró esas tierras.

Habría que hacer otro censo, cuyos resultados serían seguramente impactantes.

En esta movilización parece que están todos representados. Y es curioso, porque al menos para mí es imposible encontrar un terreno común de reivindicaciones.

Por momentos, aunque tal vez no se diga por lo claro, se insinúa que un problema para la tan mentada “rentabilidad” son los elevados sueldos y prestaciones de los asalariados. Si uno mira los laudos del ministerio de trabajo parece un chiste.

Sí, es cierto, las explotaciones que carecen de escala no son rentables. Y, si no se cambia la política, van a desaparecer.
No se arregla rebajando el gasoil. Incluso si se subsidiara éste, además de importarlo en vez de refinarlo en ANCAP tampoco se arregla. Ni rebajando la energía eléctrica. Aunque estas medidas ayudarían a sectores intensivos en energía. Pero pregunten a un arrocero (o tambero) arrendatario cuanto paga de renta.
Y habría que explicar de donde salen los recursos para hacerlo.
¿levantamos las exenciones fiscales a las pasteras (con todo el componente rupturista de la legislación internacional que ello supone)?

¿Aumentamos los impuestos a las grandes extensiones de campo, en particular a las grandes rentas agropecuarias?

¿Reducimos, o eliminamos, las prestaciones sociales?

¿Gravamos por fin las grandes jubilaciones de militares (y ya que estamos) de políticos?

Podríamos rebajar en términos reales las jubilaciones.
Y de paso liquidar las pocas conquistas laborales de los asalariados rurales. Y despenalizar los castigos corporales.

“EL CAMPO”, al igual que el resto de la sociedad está dividido en clases sociales. Y, salvo que se mienta descaradamente, la cruda realidad es que no hay un paquete de medidas que pueda cubrirnos a todos.

Gabriel Oyhantçabal
19 enero, 2018


Tasa ganancia agro después renta (Uy), tasa renta del suelo (Uy) y tasa real bonos tesoro Estados Unidos, 1955-2015
Si una virtud tiene la reciente movilización de productores agropecuarios agrupados bajo la consigna “Por el campo y con la patria” es que permite evidenciar una serie de rasgos de la economía y la estructura de clases de Uruguay sobre los que es interesante volver a echar luz.
Para empezar, “el campo” no existe como categoría social. Esto a pesar de que los propietarios rurales sistemáticamente intenten llenarlo de sus intereses. Muy por el contrario, en “el campo” existen clases sociales con diversos intereses y, por si fuera poco, luchan.
No hay que ser muy perspicaz. La plataforma reivindicativa de los “productores alzados” delimita muy claramente su perfil: recortar salarios, bajar el costo del Estado (servicios públicos, políticas sociales) y garantizar la apropiación privada de la renta del suelo y sus ganancias.
Por eso si por “campo” queremos referir no a un paisaje o territorio, sino a los sujetos sociales que en él producen y/o habitan, habría que empezar por reconocer el rico entramado de clases que lo conforman, que se resiste a ser encasillado en la imagen “campo somos todos”.
El punto de partida son las tres formas principales del ingreso en las sociedades capitalistas: renta del suelo, ganancias y salarios, y cuyas personificaciones expresan a sujetos con intereses bien diferentes: terratenientes, capitalistas y asalariados, respectivamente. Repasemos un poco de economía política. En cualquier actividad el trabajador (el verdadero productor) primero genera un valor, el salario, con el que repone su capacidad de trabajar, y luego un plus-valor (trabajo excedente) que se reparte bajo la forma de ganancia media para capitalistas y renta del suelo para terratenientes. En este sentido la renta representa una pérdida para la clase capitalista, que debe ceder esta porción del excedente a un sujeto que no cumple ningún rol en la producción pero que reclama su remuneración dado el carácter finito, monopolizable y heterogéneo del suelo.
Es más, no sólo hay un conflicto terratenientes/capitalistas que se expresa en el precio de arrendamiento del suelo, sino que la lógica de sus respectivos “negocios” son bien diferentes. Mientras el capitalista espera una ganancia media que suele oscilar entre el 10 y el 20 por ciento del capital adelantado, el terrateniente se comporta con una lógica “financiera”, según la cual la compra de tierras es como la compra de bonos del tesoro u otros activos similares, y cuya referencia de rentabilidad es una tasa de interés que suele oscilar entre el 3 y el 5 por ciento (véase gráfico para los últimos 60 años).
El problema es que en la realidad concreta las cosas siempre aparecen más entreveradas, con sujetos en los que se superponen las personificaciones. Capitalistas que son al mismo tiempo terratenientes. Pequeños capitalistas que no tienen escala para competir con los capitales medios, pero que siguen en la producción recibiendo una remuneración equivalente al interés por su capital invertido. Productores familiares-mercantiles que controlan un pequeño capital y cuya remuneración es equivalente a un salario que repone el gasto de la fuerza de trabajo familiar, y que en muchos casos son a su vez pequeños terratenientes. E incluso asalariados que tienen un pequeño capital en la producción (por ejemplo, cría de ganado) que oficia de complemento salarial.
Por eso en la plataforma reivindicativa de este “neo-ruralismo” encontramos mezclados reclamos típicamente empresariales (baja de impuestos, tarifas y salarios) con demandas de los terratenientes (reducción de impuestos a la propiedad del suelo). Es más, parecería tratarse de una movilización encabezada fundamentalmente por pequeños capitalistas agrarios que en muchos casos son simultáneamente terratenientes, y no por los grandes capitales del campo (forestales, sojeros, estancieros).
Este doble carácter de clase seguramente esté explicando por qué no apuntan sus baterías contra el costo del arrendamiento, cuando la renta bruta estimada con precios de mercado ponderados representó en promedio 38 por ciento del Pbi agropecuario entre 2000 y 2016. Sin embargo, también es posible sugerir una hipótesis más de fondo: no pueden cuestionar la renta del suelo porque de hacerlo estarían cuestionando la sacrosanta propiedad privada.
En segundo lugar, tampoco los productores son la clase más numerosa del “campo”. Con base en distintas fuentes (Encuesta Continua de Hogares, Censo Agropecuario, Registro de Productores Familiares), se puede estimar que mientras los asalariados agrarios oscilan entre 70 mil y 80 mil, los productores familiares-mercantiles agrupan unos 23 mil establecimientos y a cerca de 40 mil trabajadores (incluyendo titular y familiares), y los empresarios-patrones (de todos los tamaños) son alrededor de 15 mil. Algo es evidente: el poder fáctico y la capacidad para amplificar intereses, mediática y políticamente, no se relaciona con el tamaño de la clase, sino con la cantidad de hectáreas y la magnitud absoluta del capital.
CICLOS RECURRENTES. Por último, esta nueva crisis de la “clase media rural”, como gustan llamarse, no es el resultado de la voracidad fiscal y demagógica de un “gobierno populista”. Por el contrario, es más bien un síntoma de una enfermedad provocada por un virus que se llama capitalismo, su rasgo fundamental es la competencia a muerte entre capitalistas (la “destrucción creativa”) que provoca ineluctablemente concentración y centralización. Para colmo de males este virus tiene una cepa sudamericana más agresiva, que incluye ciclos recurrentes de abaratamiento del dólar (“atraso cambiario”, en la jerga más corriente), lo que acelera la destrucción de los segmentos más ineficientes del empresariado rural.
Sucedió durante el control de cambio de Luis Batlle Berres, con el atraso cambiario en tiempos neoliberales, e incluso durante la última dictadura, que difícilmente alguien pueda acusar de comunista. Y vale recordar que el “ruralismo” de Chicotazo y el movimiento Rentabilidad o Muerte de fines de los noventa fueron hijos de esos procesos.
Es que el abaratamiento del dólar es la forma predilecta que ha adoptado en Uruguay la distribución de renta agraria del suelo, beneficiando a aquellos que operan con mercancías importadas y compran divisas para obtener poder de compra internacional. Con la renta en expansión se puede sostener un dólar barato, pero cuando se retrae empieza un ajuste que en su repertorio más corriente incluye incremento del endeudamiento público y privado, exoneración de impuestos y congelación salarial, que amortiguan pero no detienen la crisis.
No debería sorprender entonces que ante un nuevo ciclo de abaratamiento del dólar, pero ahora ya sin los superprecios de hace una década, reflote la movilización de este sector social. Por eso es que, a pesar de las apariencias, el problema no es una presión fiscal en torno al 7 por ciento del Pbi agropecuario, y que no difiere de otras ramas de la economía (véase “El agro en Uruguay. Renta del suelo, ingreso laboral y ganancias”, de Martín Sanguinetti y quien esto escribe1), ni el precio del gasoil ni los “súper salarios” de 20 mil pesos, aunque, dado el carácter de clase del conflicto, es hacia donde instintivamente arremeten en su plataforma.
En el fondo nuestros pequeños capitalistas agrarios sueñan con una quimera: un capitalismo liberal que no liquide a los más ineficientes. Por eso el actual conflicto no es más que un nuevo grito de un sujeto social impotente para sobrevivir a las leyes leoninas de la competencia, pero que resiste porque existe propiedad privada del suelo y limitaciones biológicas al avance tecnológico en el agro.
En definitiva, lo que está en juego es cómo se procesa el ajuste de una economía que ya no puede sostener el mismo “pacto distributivo” que, hace una década –boom de los commodities y crédito barato mediante–, hizo posible la primavera progresista. La reducción-exoneración de impuestos y el abaratamiento de la energía y la fuerza de trabajo sólo trasladarán el ajuste hacia otros sectores de la sociedad. A su vez, la devaluación del peso encarecerá el costo del endeudamiento en un contexto de déficit fiscal permanente, factor que en nuestra historia reciente siempre se ha resuelto avanzando sobre el ingreso de los trabajadores.
Lo atractivo es observar que ella, la lucha de clases, siempre vuelve.
*    Ingeniero agrónomo. Trabajador de la Udelar. Integrante del comité editorial del portal de debates Hemisferio Izquierdo.
  1. En Problemas del desarrollo. Volumen 48, Edición 189, Universidad Nacional Autónoma de México. Publicado por Elsevier España, 2017. Disponible en ScienceDirect.




Por Sirio Lopez
El acto “rural” programado para este 23 de enero replantea la cuestión agraria en Uruguay. Ahora, cuando se habla de cambiar el campo uruguayo, creo que hay  que explicar de cuál Reforma Agraria  estamos hablando, porque no sirve mucho darle un pedazo de tierra chico a una persona o una familia y abandonarla a su suerte.

Por mi parte y con cabeza ecomunitarista  pienso en expropiar latifundios,  por lo menos con un apoyo financiero, técnico y garantía de compra de  la producción de alimentos sanos y abundantes  por parte del Estado  (por ejemplo para atender Escuelas, Hospitales, Cárceles mientras las haya, a la población en general, y para exportar, etc.) tanto a grandes empresas agroindustriales estatales como a cooperativas socialistas  (donde se puede/debe usar la maquinaria más ecológica posible requerida por cantidades grandes de tierra y producción) o empresas familiares; las tres, y sobre todo las dos primeras deben procesar industrialmente por lo menos parte de su producción primaria, que tendrá que ser ecológica (o sea sin agrotóxicos ni transgénicos, malos  los primeros y aun dudosos los segundos para la salud humana y no  humana); para las tres posibilidades habría que dar cursos de formación a voluntarios que quieran abandonar la ciudad (en especial los barrios marginales donde la vida es amarga y también las cárceles) para establecerse en el campo, donde tendrían que recibir ayuda estatal para hacer su casa, además de los servicios básicos donde se establezcan (agua, luz de fuente limpia y renovable, internet, Escuela y Centro Sanitario próximos, etc.) para vivir allí dignamente con su familia, buscando la felicidad.









Indignados




Hace unos 8 años ciudadanos de diferentes países, molestos y desesperados ante una crisis económica y social que cada vez se hacía más profunda, salieron a la calle indignados. Pero no fue un movimiento mundial organizado sino que hubo diferentes razones y expresiones en cada lugar. Lo único común fue la gente masivamente en la calle y que se trató de movilizaciones exclusivamente de las ciudades.




Fueron los españoles en el 2010 los que hicieron popular el nombre genérico de “indignados”. Luego vinieron las mujeres egipcias que reclamaban su derecho a conducir automóviles; después la primavera árabe; los indignados griegos; los estudiantes chilenos por la educación gratuita; las acampadas en París, los rebeldes ingleses, los estafados en EE.UU., sin olvidar a los africanos subsaharianos, o “el que se vayan todos” argentino. Estas protestas fueron una poderosa señal en todo el mundo.

Su mera existencia demostraba que la gente estaba dispuesta a salir a la calle para encontrar salidas a la crisis, en un momento en el que la economía hacía agua en todos lados, en que la corrupción liquidaba Estados y en que se reclamaba una mejor y diferente democracia. Sin embargo todos ellos fueron derrotados; tuvieron muchos muertos (por ejemplo en Egipto ); mucha gente fue detenida en todos lados, y salvo las mujeres egipcias que lograron su objetivo, todos los otros pasaron al ostracismo. La explicación que se ha dado son varias. Primero que carecían de ideología, o sea, lo único que los unía era la bronca pero no lograron articular propuestas. Tampoco pudieron mantener algún grado de organización a futuro, si acaso el Podemos español fue lo único que sobrevivió.

Hoy en Uruguay y a destiempo, como siempre, vuelve a oírse el término indignados a consecuencia del conflicto del campo. Pero esto en nada se parece, aunque tengan razones para estar enojados, porque este es un movimiento de propietarios y patrones grandes y pequeños. Este conflicto no está siendo bien manejado. Ni por el gobierno ni por quienes lo llevan adelante.

En principio porque parece no han leído a Sun Tzu en el Arte de la Guerra, quien decía: “Los guerreros victoriosos primero ganan y después van a la guerra, mientras que los guerreros vencidos primero van a la guerra y después buscan ganar”.

Las luchas del signo que sea tienen una lógica común: para ganar no solo hay que tener razón, sobre todo hay que ser más. Y eso implica buscar aliados ¿Dónde busca aliados el campo? ¿cree que con su lógica de enfrentamiento puede lograr aliados? ¿pretende someter al resto? ¿qué pretenden? ¿cuánto están dispuestos a ceder para ganar?

Los dirigentes deben hacerse estas preguntas para que sus reclamos, justos para muchos sectores agropecuarios, no pierdan legitimidad. Casi las mismas preguntas debería hacerse el gobierno. Protestan porque hay actores políticos involucrados, pero acaso ¿cuándo el FA estaba en la oposición no se involucraba en cuanta movilización y conflicto había? La dirección del FA que a esta altura solo parece obsesionada por ganar las elecciones, desconoce la esencia misma de la política. Porque la movilización del campo es política y porque en democracia los partidos tienen la obligación de involucrarse. Si lo hacen bien o mal, será juzgado luego por los propios votantes. Claro no se puede reclamar a la Asociación Rural que se interese por las luchas obreras, ni al Pit-Cnt que reclame apoyo a la rentabilidad de los ganaderos. Expresan intereses de clase diferentes. Pero en democracia, los gobiernos deben aceptar que la gente se movilice por lo que cree es la defensa de sus intereses.

Dicho esto, me quiero detener en el concepto de indignación. Cada vez más frecuente y áspero en esta sociedad. Esta bronca uruguaya está muy asociada al concepto personal de justicia, pero también al pretender imponer opiniones propias y sobre todo también a demasiado individualismo. Las redes son un buen ejemplo. Ante cualquier planteo surge el si, pero…es decir, muchas veces, la mayoría con desconocimiento, se afirma a fulano le dieron aquello, pero a mi no me dieron nada. O quiten los beneficios sociales para pagar menos impuestos. Y quien no opina igual es inmediatamente descalificado en duros y agraviantes términos.

A veces se me ocurre pensar ¿con qué votos pretenderán ganar las elecciones? Las señales que da el partido de gobierno tampoco son buenas. Decidieron integrar una comisión para concurrir en apoyo de Lula el próximo 24, pero no se les ocurrió crear una comisión que escuche a los productores agropecuarios que no responden a ninguna organización y cada día son más.

Hay otro concepto que atraviesa nuestra sociedad y que es el que definitivamente origina bronca o indignación y se llama impunidad. Por ejemplo tener sueltos a delincuentes que vistieron uniforme y portaron un arma de fuego; o a quienes cometieron asaltos para sostener a sus propias organizaciones. Que se funda un pequeño productor rural que obtiene un magro salario y en cambio haya crecido tanto un empresario Anatidae (busquen en el diccionario) con buenos vínculos políticos. Que para los corruptos de ayer y de hoy siempre se encuentre una justificación. O que quienes saquearon al país en el 2002, hubieran pagado con 4 años de cárcel la condena al hambre de centenares de miles y ser directos responsables de 500 suicidios, cuando hay tipos presos con muchos años por robar un par de garrafas. O que mientras miles de trabajadores luchan por un salario digno que supere los 20.000 pesos, algunos acomodados políticos de todos los partidos logran salarios de 100.000 pesos y más.

Podríamos citar tal vez centenas de ejemplos. Pero no es la nómina lo que debe preocupar, sino un sentimiento negativo que crece en intensidad y por ahora, con una excesiva violencia verbal. Hay quienes quisieran ver sangre. Pero como eso ya lo vimos en este país, sabemos cuál fue la única sangre que corrió. En esto estamos obligados a pensar todos si es que queremos seguir viviendo en democracia. La bronca que oficia como disparadora ante la injusticia, debe ceder paso a la racionalidad, pero sobre todo a la justicia. Una de las pocas causas que vale la pena. Y otra vez cito a Sun Tzu: “Si tanto tu enemigo como tú son ignorantes, entonces están en un certero peligro.











jueves, 18 de enero de 2018

Reinar es mas que gobernar





https://freedomhouse.org/report/freedom-world/freedom-world-2018

Con una participación cada cuatro años, los electos no representan a nadie. estamos en el siglo XXI donde las comunicaciones y la información fluye diariamente por las redes sociales.
Todo ha cambiado desde siglos anteriores, tenemos una hístoria de hombres que fueron líderes para mal o para bien, antes habia un lider como Chavez, como Fidel, como El Che, sabían conducir gente y la gente los adoraba. Con esa idea llegamos a este siglo, buscando un líder con el carisma suficiente, y la inteligencia para liderarnos. Como si necesitaramos vacas sagradas a quien seguir.

Pues hoy es difícil encontrar a alguien con el carisma suficiente. Los que hay son un fracaso. Solo con un asesor de imagen pueden conducirnos a idolatrar a alguien "tal cual es", y se puede fabricar hoy la imagen. Hay buenos especialistas en la materia. Para vender humo.

Antes y también hoy las monarquías no se eligen, se heredan sin que nadie los elija, a las corporaciones de poder económico tampoco nadie las elige. Ese poder es el que reina y reinar es mucho mas que gobernar.

Los que reinan en la humanidad sin que nadie los haya elegido.


Ellos tienen el poder suficiente como para influenciar lo que votes, de lavarte tus ideas, y hasta hacerte sentir lo afortunado que eres en tu vida sometida a su reino. Hacerte sentir la democracia en que vives.
Diga BI, diga LO. Elegiste el menos malo y resultó peor.
 


Le decían la Suiza de América, como si Suiza no fuera el paraíso de los capitales negros. Uruguay también es un paraíso de políticos corruptos argentinos, españoles, italianos, brasileros. Todos viene a lavar el fruto de sus negocios turbios. Desde los fondos negros del PP español del PP a el lavajato brasilero pasando por las remesas de todos los gobiernos argentinos.

 Berlusconi miembro de Propaganda Due tambien operó en  Uruguay


Para FREDOM HOUSE LA DEMOCRACIA está amenazada. Estados corruptos y represivos como Arabia Saudita, Irán, Venezuela y Corea del Norte ponen en peligro la estabilidad global. a Israel no lo mencionan, ni a Honduras, ni a los propios EEUU.
Hay democracia en EEUU? cuando la única opción fue Tramp o Hillary Clinton. Alguien ganó. Así es su sistema estatal y democrático. Y nosotros a quien deberíamos elegir cuando ninguno de los candidatos tiene el carisma de poder ser un líder del pueblo. Se podría inventar uno que sea lo suficientemente servil como para gestionar lo que se elabore por el FMI, el BID, o el Banco Mundial. Alguien que pueda gestionar el ingreso de los capitales inversores, de los capitales extractivos, gestores de nuestra dependencia, de nuestra soberanía. Se entiende? reinar es mas que gobernar. Ellos nos reinan, asi que demokracia? Minga!

Y que la página presidencial no se auto alabe por ello, deberían sentir vergüenza.

El Muerto.













Las injusticias que se quieren aplicar

No se aceptarán las injusticias que se quieran aplicar en este período



>>> Conferencia de prensa de ADEOM





>>>Basuras


La Intendencia de Montevideo hizo números y este miércoles divulgó cuánto cuesta contratar empresas privadas para hacer la limpieza alrededor de los contenedores cuando se necesita reforzar el personal o hay medidas distorsivas del sindicato de trabajadores municipales (Adeom).

En su cuenta de Twitter, el departamento de Desarollo Ambiental de la IMM publicó que, en promedio, las empresas cobran $ 8.385 por tonelada de residuos levantada en torno al contenedor. Esta misma tarea ejecutada por los funcionarios comunales cuesta más de $ 10.650. La diferencia a favor de tercerizar la tarea está en el entorno del 30%. Sin embargo, si se toma en cuenta el ahorro por costos administrativos la diferencia a favor de contratar privados alcanza el 40%.

La divulgación de este comparativo ocurrió luego de que el sindicato asegurara este martes (tras levantar un paro de 24 horas por la sanción a dos trabajadores) que la intendencia "derrochaba" recursos de los contribuyentes en la contratación de privados. El director de Desarrollo Ambiental, Fernando Puntigliano , dijo a El Observador que las cifras estaban prontas desde antes de este debate, y que las afirmaciones del sindicato hay que pasarlas por un "cernidor" ya que no necesariamente los gremialistas saben de "gestión".


Puntigliano sostuvo que la divulgación de las cifras buscó demostrar que es más barata esa solución que la presupuestación de más personal en situaciones puntuales, como reclamó el sindicato durante las fiestas de fin de año . En las redes sociales, los números generaron debate sobre la posible privatización del servicio de limpieza. Varios usuarios reclamaron una terecerización total mientras otros advirtieron que la IMM contrata a empresas que mantienen trabajadores con salarios sumergidos. Puntigliano explicó que la intención de la comuna es lograr que haya mayor productividad con los recursos existentes. "Es legitimo que la gente reflexione a favor de la privatización y Adeom diga lo contrario. Para limpiar el entorno del contenedor la complementación con privados funcionó muy bien. En la recolección de contenedores con camiones somos totalmente dependientes de los funcionarios. Yo no soy ni un tercerizador 100% ni un estatizador 100%", dijo el director.

La actual administración encabezada por Daniel Martínez decidió la contratación de empresas privadas para limpiar los alrededores de los contenedores de forma de disminuir el impacto de las medidas sindicales.

Además se definió que luego de un paro no se recurra al pago de horas extras para normalizar la limpieza. La idea es desestimular los paros ya que los trabajadores terminaban recuperando la paga perdida los días de paro, o, incluso, ganando más.

Los contenedores sólo pueden ser limpiados por la intendencia ya que es la única que dispone de los camiones acondicionados. Por cada día de paro se calcula que se demoran otros dos para volver a la normalidad.

La contratación de empresas privadas y ONG continuará hasta el 31 de enero ya que Adeom está realizando asambleas que generan distorsión en los servicios. Consultados por El Observador, dirigentes sindicales prefirieron no evaluar las cifras difundidas por la intendencia.

>>> De esto no se habla